La Librera

Este posteo lo vamos a escribir en primera persona, así por un rato hacemos de cuenta que estamos conversando cara a cara.

Soy Gretel (mis amigas deforman mi nombre de muchas maneras pero con el correr de los años quedó GRE casi establecido, incluso para mis amigas y amigos de San Pablo que NUNCA lograron decir GRETEL de forma correcta). Este año cumplí 40 y para festejarlo nos fuimos con Anna y Joao a Bariloche, ciudad que amo y que visito cada vez que puedo. 

Bueno, van cuatro renglones y ya nombré dos ciudades lejanas al lugar donde vivo, pueden inferir que sí, una de las cosas que más me gusta es definitivamente viajar. No viajé tanto como me hubiera gustado pero me di algunos gustos, la verdad. Inclusive, viví 2 años en Brasil mientras hacía una maestría. Ahí lo conocí a Joao y me lo traje para acá a pasar frío… 

Me gustan los libros desde que tengo memoria, mi mamá me regalaba títulos hermosos cada vez que podía, pero lo más sensacional que me regaló fue exactamente su amor por la lectura, no era cuestión de cantidad de libros sino de pasión por ellos en todas sus formas, y por eso debe ser también que me hizo socia de la biblioteca del pueblo (donde leí todo lo que había). Siempre me contaba que me enseñó a leer a los 4 años porque se cansó de tener que leerme el diario… no me acuerdo si lo empecé a leer sola, la verdad, pero sigo comprando el diario en papel los domingos cada vez que puedo.

Estudié un montón de cosas y siempre estoy estudiando. Hice la Licenciatura en Sociología y en paralelo el Profesorado de Nivel Primario (sí, era joven), el profesorado de Sociología, una maestría en Estudios Sociales Latinoamericanos, la maestría en Ciencias Humanas y Sociales en San Pablo y cursos y talleres y cosas que encuentro por ahí. Creo que es de esas cosas que nunca me canso de hacer. El lugar donde pude hacer sinergia de todo eso fue en la docencia, ser maestra me permitió tener como interlocutores a chicos y chicas de diferentes edades durante mucho tiempo y eso me llenó de experiencias enriquecedoras. No voy a caer en el lugar común sobre la frescura y creatividad de los chicos, pero lo cierto es que una cosa es pensar las infancias y otra cosa muy diferente es tenerlas como interlocutores, escuchar, argumentar, contraponer puntos de vista, mirar un poco con otros ojos menos adultocéntricos. Parece sencillo pero es un ejercicio que requiere mucho esfuerzo y amor.

Pantuflas está en mi desde que soy chica y soñaba con una librería, con el olor a libro, con acariciar los lomos, ordenarlos, leer y leer y leer, “trabajar de leer”… no todo es tan parecido a lo que imaginaba, pero la verdad es que se acerca muchísimo y es un placer inmenso poder mediar entre los libros y sus consumidores finales, los chicos y chicas. Primero surgió como club de libros solamente, haciendo selecciones para que les lleguen a sus casa libros preciosos y valiosos y de a poco, con el deseo propio y también con la demanda de ustedes nació la librería Pantuflas, que va creciendo y engordando a paso lento pero constante. 

Gracias por estar por ahí y hacer posible este proyecto que me (nos) llena de alegría y sonrisas. 

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